L’entitat augmenta el nombre de països als quals comercialitza els seus productes i al voltant del 30 per cent de la producció de 3 Reyes es destina a l’exportació Les empreses que conformen el Grupo Arcoiris no han estat alienes a la tendència experimentada en els darrers anys per gran part de les entitats empresarials de l’estat, que han fixat […]
Ha passat l’estiu a la velocitat de sempre, és a dir, més ràpid que l’any passat —que ja va ser més fugaç que l’anterior. Afortunadament el sol ja no s’enfila tan amunt, les ombres s’allargassen, les fotos ixen millor i les nits fan acollidora la llar. La tardor em reconforta, ho reconec. Potser perquè hi vaig nàixer o perquè s’acaba l’atabalamenta dels estius d’autònom, on no acabes de tenir vacances però et toca fer com si les tinguessis. Passades les festes d’Alcanyís, doncs, és hora de refer horaris i recuperar rutines. Rutines que, contra el pensament general, em permeten conquerir espais de reflexió —no gaires, però més que en èpoques a priori consagrades al lleure. Permeteu-me, doncs, una petita divagació tardoral.
Cada volta tenim menys temps per pensar, per badar, per conversar en silenci amb nosaltres mateixos. El temps que definim com a ‘lliure’ el solem malbaratar. En el millor dels casos ens enganxarem a la lectura d’un llibre, però sovint caiem en la trampa del “a veure què hi ha a Twitter”. Abans que ens n’adonem, haurà passat una estona massa llarga sense res de substanciós. Hi ha també l’ànsia de fer activitats espaterrants, viatges insòlits, fets a mida per a compartir-los a les xarxes socials amb l’esperança d’arreplegar un cabasset de “likes”. Sé que sóc peix bullit, però per mi no hi ha res com una passejada per camins coneguts i calms. És en aquestes circumstàncies que el cervell pot descabdellar pensaments que, a voltes, ens porten a conclusions sorprenents. L’altre dia precisament sentia algú per la ràdio que defensava la pèrdua el temps. Deia que si ningú hagués pogut estar ajagut hores i hores sota un arbre, no existiria la filosofia ni les grans preguntes que ens eixamplen el coneixement.
Entretant pugen les audiències de programes per a no pensar, d’humor gruixut, insult i cridòria (fins i tot són mereixedors d’un ‘Premio Nacional de Cultura’!). Una estratagema per a gestionar aquesta democràcia esmunyedissa, una versió barroera del “soma” que Aldous Huxley descrivia a Unmón feliç. Una pèrdua de temps. Una pèrdua de vida.
La Comarca, columna «Viles i gents», 22 de setembre de 2017
Los vecinos del límite entre Cataluña y Aragón reflexionan sobre los trastornos en su día a día si quedan divididos. “De estas cosas no hablan los políticos”
Francisco Juste, alcalde de Massalcoreig, en su taller a pocos kilómetros de la frontera con Aragón.Javi Martín
Francisco Juste está cambiando las ruedas a un tractor. Lo hace a las puertas de su taller, a la salida de Massalcoreig, un pueblo catalán de 500 habitantes en la provincia de Lleida. Es el último pueblo de Cataluña antes de entrar en Aragón. El taller de Francisco está a cuatro kilómetros del límite autonómico. Desde su entrada se puede ver el río Cinca que sirve de frontera y, detrás, los primeros pueblos aragoneses.
Además de mecánico, Francisco ejerce también como alcalde de esta localidad. “¿Ves todo esto?”, dice mostrando su taller, repleto de motores, piezas y herramientas. “Todo está comprado en Aragón y es todo para clientes de los pueblos de Aragón. Si mañana a mí me plantan una frontera aquí, me hunden”.
Francisco es uno de los cientos de vecinos que está siguiendo con preocupación -con verdadera preocupación- el proceso de tentativa de independencia de Cataluña. “Sí, en Madrid y en Barcelona hablan mucho y dicen que les preocupa mucho, pero aquí estamos pendientes porque nos cambiaría la vida de un día para otro. Aquí hay gente trabaja en Aragón y vive en Cataluña, o al revés. O vecinos que van de compras de un lado a otro, o que tienen una finca. Agricultores que venden de un lado a otro, estudiantes universitarios, comerciantes… Aquí no hay frontera, estamos conectados de todas las maneras. Si meten una división aquí, no quiero ni imaginar las consecuencias”.
La Franja
La frontera entre Cataluña y Aragón es conocida como La Franja (La Francha, en aragonés). La mayoría de pueblos aragoneses que se sitúan cerca de la frontera son catalanófonos. Un paseo por cualquiera de ellos sirve para darse cuenta de que, a pesar de estar en Aragón, aquí las conversaciones, los carteles y las señales son en catalán. La Franja es como una extensión de Cataluña fuera de sus límites autonómicos.
Se trata de una zona rural, con grandes extensiones de cultivos y tramos montañosos. Las carreteras serpentean entre los ríos Ebro y Cinca, que sirven de frontera natural. Si no fuera por los carteles, uno no podría saber si está en Cataluña o Aragón. De hecho, para los vecinos de estas comarcas, la frontera es una anécdota administrativa: la vida real no contempla ninguna separación y los vecinos se mueve de un lado al otro.
“La independencia nos cambiaría la vida de un día para otro. Si meten una frontera aquí no quiero ni imaginar las consecuencias”
Magda Godia es la alcaldesa de Mequinenza (Mequinensa, en catalán), un pueblo de la provincia de Zaragoza pegado a la frontera. Nos recibe en su despacho. “En La Franja estamos íntimamente conectados a Cataluña. Aquí hablamos catalán, celebramos el segundo día de Navidad, nuestra gastronomía es catalana… De hecho, la mayoría de vecinos hemos nacido en Cataluña, ya que el hospital que nos queda más cerca está en Lleida”.
Tal es la conexión, que el pancatalanismo considera La Franja como parte de la nación catalana y, ciertas corrientes, definen esta zona como una provincia más denominada Franja de Ponent.
Javier es vecino de Torrente de Cinca, pequeño pueblo de la provincia de Huesca a pocos kilómetros del límite con Cataluña. “Yo me siento catalán, hablo catalán y si Cataluña fuese independiente me gustaría que nos anexionaran. Preferiría pertenecer a Cataluña”. Después admite: “Algunos vecinos pensamos así, pero somos minoría”.
Basta un paseo por las calles de Torrente o de la propia Mequinenza para darse cuenta de que, efectivamente, es un sentir minoritario. “Somos aragoneses y aquí la gente quiere seguir siéndolo pase lo que pase”, dice Ana, vecina de Torrente. “Estamos muy unidos a Cataluña, pero nos sentimos aragoneses y españoles”, añade otro vecino que escucha la conversación.
Magda, la alcaldesa de Mequinenza, lo resume: “Nosotros somos aragoneses. Y la mayoría de gente aquí se siente aragonesa, aunque hable catalán y aunque haya una parte que sí es catalanista. El sentir general es que estamos vinculados a ambos territorios, así que tenemos el corazón partido”.
Frontera entre ambas Comunidades: a un lado Mequinenza (Aragón); al otro, la provincia de Lleida.Javi Martín
A cuatro minutos en coche, del otro lado de la frontera, las localidades catalanas como Granja d’Escarp, Massalcoreig y Seròs son de mayoría independentista. Sus calles lucen banderas esteladas y llamadas al referéndum. Son pequeños pueblos de casas de piedra y callejuelas laberínticas. A mediodía apenas hay vecino, se impone el silencio. José es de los pocos que se deja ver. “Aquí somos independentistas, pero la gente de La Franja aragonesa es soberana y hará lo que quiera, no tienen que anexionarse si no quieren. De hecho, no quieren”.
Cada parte, pues, se quedaría en su lado. Pero José Vilella, vecino de Mequinenza, da una vuelta de tuerca más: “Yo me quedaría en Aragón, pero nací en Lleida. ¿Tendría nacionalidad catalana también, no? ¿Y tendría derecho a votar en el referéndum como catalán que soy, no? Lo digo porque a mí no me ha llegado ninguna información para votar”, dice con una mueca cínica.
“¿Y si mañana esto es una república catalana, los vecinos de nacionalidad española tenemos nuestros derechos garantizados? A mí nadie me ha explicado nada”
La pregunta se repite a la inversa en el lado catalán. Mauricio, vecino aragonés residente en Seròs (Lleida) se pone serio y cuestiona: “¿Y si mañana esto es una república catalana, los vecinos de nacionalidad española tenemos nuestros derechos garantizados? A mí nadie me ha explicado nada. Pasaría a pertenecer a una minoría de nacionalidad española y, como tal, tendrían que garantizarme que mis hijos puedan estudiar en español y que yo pueda seguir usándolo. Pero nadie habla de esto”, afirma.
Jaume Navarra es el otro lado del espejo. Es un jubilado catalán que se ha trasladado a vivir a una finca en Aragón. “Pasaremos a ser dos Estados distintos, pero entiendo que podré seguir viniendo y podré vivir aquí. Lo que no sé es si cruzar la frontera sería más complicado. Espero que no”.
La vida divididos
Si en algo coinciden todos los vecinos de ambos lados de La Franja es que no quieren una frontera separando sus pueblos, separando sus vidas. Eso sí, coinciden desde perspectivas diferentes.
Los vecinos independentistas se niegan a creer que vaya a existir una frontera o una aduana entre una hipotética República de Cataluña y España. “¿Frontera? Aquí no habría frontera, hombre. Si somos el mismo país. Lo que pasa es que pasaríamos a ser dos estados distintos”, dice José, vecino de Granja d’Escarp. Jaume, el vecino catalán residente en Aragón, coincide: “No queremos fronteras, no tiene que haber ninguna separación, somos pueblos hermanos y no queremos alejarnos”.
Pero Francisco Juste, el alcalde que abre este relato desde su taller, adopta un tono de incredulidad cuando se expresa: “¿Pero cómo que no va a haber frontera? Pues claro que va a haber. Y aduana. Ese es el problema, que la gente no quiere verlo, pero aquí aparecería una aduana y tendríamos que pagar aranceles. La gente que hoy comercia con Aragón, las cooperativas de fruteros que venden en Huesca, los agricultores que van de un lado a otro… Todos tendrían que atravesar frontera, pagar aranceles, aduanas… Es que nadie está pensando en esto seriamente”.
“La gente no quiere verlo, pero aquí aparecería una aduana y tendríamos que pagar aranceles”
Sí lo ha hecho Francisco Jové, vecino de Seròs, quien, a pesar de ser independentista, admite que la vida sería más difícil. “Se me haría muy raro que hubiera una frontera aquí”, dice apoyado en su bastón, frente a una enorme estelada que cubre la fachada del Ayuntamiento. “Mi hija trabaja en Aragón, mi yerno también y ambos viven aquí en Cataluña. Me preocupa lo que podría pasar con ellos”.
La otra perspectiva es la de los aragoneses. José Vilella, de Mequinenza, reflexiona sobre el daño que haría una división. “Habría que reorganizar los estudiantes que están en Lleida. También las cooperativas que venden fruta y hasta la gente que va de compras. ¿Atravesar una frontera para irte a un centro comercial a Lleida? Es que lo veo absurdo”.
El sentido común lo pone en forma de conclusión la alcaldesa de Mequinenza: “Es que todo esto es tan hipotético… Es que no hay elementos ni información para imaginar el escenario que resultaría. Por eso estamos tan preocupados. Porque no entendemos cómo se ha llegado hasta aquí y tenemos miedo del deterioro que pueda dejar esto”.
El nuevo campin de Beceite, abierto este verano, amplía la oferta del Matarraña, y cuida especialmente aspectos tan llamativos como la contaminación lumínica y el color de sus edificios.
Beceite es una localidad de historia singular, marcada por la ocupación árabe en su mismo nombre. Estaba compuesta por dos núcleos: uno se corresponde con el actual barrio de la Botera y el otro con el barrio de Santa Ana, llamados entonces Abu Zeit y Zeit. Tiene numerosos portales y callizos contribuyen a que el conjunto destile magia y misterio, con las estrechas y empinadas calles como otro elemento clave. El pueblo se consagró a la industria del papel, y llegó a tener nueve molinos en el siglo XVII. Uno de ellos proporcionó la materia prima original para los naipes de la factoría vitoriana de Heraclio Fournier, que conforman la baraja española.
Del pueblo es Kenia Celma Noguera, gerente y propietaria en ejercicio del campin Beceite. Viajera impenitente, hija de artista, siempre fantaseó con la idea de regresar a su tierra y residir en ella de acuerdo a sus prerrogativas vitales. En este empeño le ha acompañado su pareja, el italiano Francesco Fiocca. Ambos tienen un pequeño, Tiago. La familia vive en su espacio de trabajo, en una bonita casa de madera que se han construido con sus manos.
En cuestión de negocio, a Kenia y Francesco les guían por igual el impulso y la razón. La conciencia con el respeto al medioambiente llega a extremos que chocan (y encandilan) como el cuidado de la contaminación lumínica. “Es una cuestión de mirar al cielo −explica orgullosa Kenia− y darte cuenta del privilegio que tenemos con todas esas estrellas. Nuestro campin tiene todas las que queramos ver, no nos limitamos a cinco como en los hoteles de lujo”.
La aventura comenzó hace tres años; la familia regresó de Ecuador, donde residían por cuestiones laborales, a Barcelona. “Vinimos por Tiago, pero no nos encontrábamos del todo ubicados en Barcelona, buscábamos otra cosa. Yo siempre pensaba en Beceite, y surgió esta idea. Ha sido un camino más largo y duro de lo que esperábamos, porque los tiempos de espera en el papeleo se extendían; seis meses con esto, otros tres con aquello, ahora no que son vacaciones, ahora no que son elecciones… en fin”.
Pruebas de fuego
Una vez hecho el plan de trabajo y superadas las inspecciones de urbanismo y medioambiente, que incluían tanto el tema de agua y vertidos como el propio impacto de la construcción en el entorno, el proyecto comenzó a ver la luz. “Las administraciones local y comarcal −puntualiza Kenia− fueron accesibles, y el asunto se agilizó al final, aunque hemos salido adelante sin ayudas. Como tuvimos que constituirnos en sociedad cuando comenzó el proceso y el gerente debía hacerse autónomo, han sido dos años y medio pagando sin producir. Teníamos ahorros y la familia ayudó”.
El campin ha tenido en cuenta ciertas regulaciones estéticas. “Nos hemos integrado en el entorno: todas las casas en Beceite −aclara Kenia− tienen una tonalidad parecida y la hemos respetado en nuestras edificaciones. Desde el pueblo casi no se nos ve, porque tenemos las luces a baja altura. En cuanto a los suelos, solamente hemos hecho algunas terrazas para las parcelas y quitado arbusto, no árboles. Hay 23 parcelas capacitadas y el proyecto contempla hasta 42; tenemos ya dos bungalows de madera”.
“Aquí −afirma Francesco− hay vistas de 360 grados, tranquilidad lejos de la carretera principal y cuidamos mucho la comida: ese es mi terreno. Además de platos locales, hago recetas sicilianas y de toda Italia. Recomiendo mi arancina de arroz, rellena de carne y frita, así como la pasta de todo tipo. Traigo productos de mi tierra, como tomate seco y salsas, algún embutido siciliano… y pasta variada, por supuesto”.
Francesco es ingeniero civil, especializado en el entorno forestal. “En Ecuador hice un proyecto de reforestación y asesoramiento de plantaciones de cacao, que me llevó dos años, pero nos enamoramos del país y al acabar esa tarea buscamos otras posibilidades. Nos mudamos al Bosque Nublado y gestionamos allá un resort natural. También tuvimos una pizzería… allí era fácil emprender. Por cierto, queremos poner pizzería en Beceite, espero que esté abierta antes del próximo verano, con el horno adecuado. Este verano hemos tenido mucha más gente de lo que esperábamos, tanto acampada como al mediodía y por las noches en el restaurante; también ha venido bastante gente del pueblo”.
En el pueblo hay cariño y respeto por la familia Noguera, y la pareja de emprendedores se siente bien acogida. “Vivimos en un lugar maravilloso, con atractivos como El Parrizal, el pantano de Pena, las pozas de la Pesquera… con el municipio hay buen entendimiento, y creo que hacemos un aporte a Beceite con este proyecto que además ha empezado con buen pie. El que llega a Beceite, regresa; si vienen para una noche, acaba quedándose cuatro. El Matarraña comienza a conocerse más: es justo”.
Antigua Fábrica Noguera: refugio para el arte emplazado en un molino de papel
En las instalaciones de un vetusto molino papelero de Beceite, la Antigua Fábrica Noguera sirve desde 2001 como reducto privilegiado para la expresión artística en la localidad. Hay una gran variedad de temáticas y disciplinas presentes: pintura, escultura, grabado, fotografía… además de ellos, se desarrollan diferentes actividades relacionadas con el mundo de la cultura, la artesanía y el diseño: en este local diáfano, con mucho carácter, se imparten cursos, se dan conferencias y se presentar libros y discos. Hay una sala especial que alberga la exposición permanente de la desaparecida artista Gema Noguera, residente en Beceite entre 1987 y 2008. De hecho, fue ella la que acometió en 2001 el proyecto de rehabilitación del molino, convirtiendo la planta baja del edificio en galería de arte y centro de cultura. En las salas principales hay exposiciones coyunturales durante el año exposiciones que se presentan a lo largo del año. El recinto, que tras el verano se cierra hasta el año próximo, ofrece además, rincón de lectura para aquellos que se quieran informar sobre las fábricas de papel de la localidad.
El Parrizal, un gran paseo que incluye pinturas rupestres, minería y la belleza del río Matarraña
El Parrizal esuna ruta senderista factible para todas las edades en su primera parte, que incluye tramos de distinta naturaleza. El punto de control está a tres kilómetros y medio del pueblo, con opción de aparcamiento. El primer trecho son 800 metros sin asfaltar, transitables incluso por carritos de bebés y sillas de ruedas: se trata de una ruta botánica que incluye las pinturas rupestres de La Fenellosa, Patrimonio de La Humanidad, pertenecientes al arte esquemático levantino. Luego, en el Pla de la Maina del Parrisal, se pueden observar las antiguas instalaciones que se utilizaban para el transporte del carbón de las minas. A partir de ahí comienza una excursión más exigente de 11 kilómetros (ida y vuelta) que remonta el río Matarraña hacia su cabecera, hasta llegar a los Estrechos, son dos paredes verticales de piedra de 200 metros de largo, 60 metros de altura y, en algunos puntos, un metro de ancho. En los tramos más difíciles hay unas pasarelas de madera con pasamanos para evitar el baño, ya que esté está completamente prohibido en todo ese intervalo. En otros tramos se tendrá que vadear el río por las piedras, por lo que se recomienda llevar calzado de repuesto en caso de resbalón.
LOS IMPRESCINDIBLES
David Millán
El deportista beceitino, de 27 años, ganó cinco campeonatos infantiles de España de ‘biketrial’ y uno del mundo antes de pasarse a esta especialidad, en la que aún compite, ganó tres campeonatos nacionales y fue tercero en un mundial.
El logo de Grañena
El ilustrador zaragozano Luis Grañena, residente en Valderrobres, se ha involucrado en diversos proyectos en la comarca y expondrá en marzo en el Museo de Valderrobres. También ha hecho el logo del Campin de Beceite.
Crespells y badocs
Beceite presume de dulces típicos, y dos de los más populares son los crespells y los badocs. En el primer caso son hojas tiernas de borraja, y en el segundo, de calabaza. Se rebozan y fríen en aceite de oliva y llevan miel encima.
Com pot ser que a l’era dels mitjans de comunicació, la digitalització i la immediatesa de la informació hi pugui haver tantes mentides i errades voluntàries a alguns dels diaris, que teòrìcament haurien de ser objectius en els seus articles?
Aquesta qüestió ve arran dels continguts i titulars d’alguns diaris com són El Mundo, “Aragón promueve el secesionismo en los colegios”, el 3 de juliol de 2017, acusant la nostra revista, donant informació esbiaixada i extraient frases d’articles fora de context, El Diario del Alto Aragón, “«No hablamos catalán» denuncia la financiación de una revista independentista desde la DGA”, el 3 de juliol de 2017, continua en la mateixa línia i desinforma en la veu de persones relatives a la revista, amb tergiversacions d’articles i errades, diaris als quals ja va respondre el Consell de Redacció de la revista Temps de Franja manifestant el seu desacord amb el contingut i caire de les notícies d’ambdós mitjans de comunicació.El Español, a l’agost de 2017, qualifica de “projecte polític” i “imposició del català” el fet que el director de l’Institut Matarranya, juntament amb el Claustre de professors, la comissió de Coordinació Pedagògica, el Consell Escolar, l’AMPA, aprovin, informant els Serveis Educatius de Terol i la DGA, l’ensenyament del català al centre, dret de qualsevol ciutadà a poder aprendre la llengua materna, segons la UNESCO, segons els Principis de la Carta de la Terra, que defensa, entres altres aspectes, els drets dels pobles indígenes i de les minories. Tot el nostre recolzament al director, equip docent i alumnat de l’Institut Matarranya!
Així mateix reivindiquem una vegada més que als pobles de la Franja enraonem, parlem català, en les seves varietats corresponents! Amb la mateixa dignitat que altres llengües pròpies d’Aragó: aragonès, castellà i també català, tot i que alguns ciutadans no ho vulguen sentir dir, sí, l’enraonem i l’enraonarem entre les nostres generacions i les futures. La realitat ho demostra històricament i la comunitat lingüística també ho avala. Malgrat algunes persones no vulguin acceptar la nostra, hi tenim tant dret com altres parlants d’altres llengües tenen els seus. No s’ha de confondre el gentilici d’una comunitat autònoma amb el nom d’una llengua.
Qui no recorda aquell esperit del 1984, quan els alcaldes del Baix Cinca, del Matarranya i de la Ribagorça van signar la Declaració de Mequinensa! Amb poques paraules es va aconseguir un dret que dignificava la llengua materna, que ens uneix, i els alumnes dels pobles d’aquestes comarques poguessin assistir per primera vegada a algunes classes en llengua catalana. Van ser anys profitosos culturalment amb el naixement de la revista Desperta Ferro! Aportacions de persones com Josep Manuel Pons i Brualla, J. A. Chauvell, F. Blanc, J. Mesallles, Josep Mauri, Rafel Ventura, Mario Sasot, Francho Nagore, Artur Quintana, Josep Galan, Hèctor Moret, Juli Pallarol amb la redacció El règim jurídic de la Llengua catalana a Aragó i tants d’altres van enriquir de forma escrita aquesta etapa. Els polítics entenien la situació d’aquestes comarques com el Conseller de Cultura de la DGA Josep Ramon Bada, per citar-ne algun, el Justícia d’Aragó va incloure el tema del català a les Corts d’Aragó. A la Ribagorça els alcaldes dels pobles aragonesos i catalans van crear una Mancomunitat que va funcionar molt bé. Amb la implicació en activitats culturals en el Segon Congrés Internacional de la Llengua Catalana l’any 1986, amb la creació de concursos que esperonaven els joves alumnes a escriure en llengua materna, a escoltar poesia de Desideri Lombarte recitada per Bengoechea i cançons d’Anton Abad… semblava que vivíem en la normalitat. ¿Què dirien persones amb l’empenta de Francisco Beltran, alcalde democràtic de Fraga, Navidad Cereza, igualment, alcalde de Montanui, el mateix Josep Galan, un lluitador de l’ensenyament i del coneixement de la llengua i literatura catalanes a les nostres terres? No s’avindrien a les desinformacions que apareixen als diaris esmentats anteriorment. Després de 33 anys de lluita per un dret, no el tenim assolit. Al 2013 vam haver de tornar a dir ben fort a Mequinensa que aquests pobles de la Franja encara enraonem i parlem en català, que les isoglosses, aquestes línies imaginàries en els mapes lingüístics demostren, que tot i les diferències pròpies dels parlants dels distints pobles, seguim parlant la mateixa llengua, per això ens entenem, des del Pirineu fins al sud.
Rebutgem un cop més la difamació i la desinformació dels diaris que ens acusen del que no som ni fem! Som persones que dediquem, voluntàriament, part de les nostres vides a elaborar una revista que tracta sobre els fets i la gent de les nostres comarques, sobre les opinions personals i lliures de cadascú, a les quals ens uneix la llengua catalana.
Alcaldes i representants dels ajuntaments que l'1 de juny de 2013 can signar el II Manifest de Mequinensa contra la "llei del Lapao" (Foto: Hugo Soroll