Las pinturas de José Blanc


Ramón Mur

La última Trobada Cultural del Matarranya me proporcionó el placer de reecontrarme con entrañables amigos, como Miquel Blanc. Hacía tiempo que Miquel me había mostrado su interés por ir a Bellmunt para contemplar las pinturas que su padre pintó en 1960, en el interior de la ermita de San José.

Esta vez no aplazamos nuestra cita y el día 12, el del Pilar, subieron a Bellmunt varios miembros de la familia de Miquel Blanc, encabezados por el hijo mayor de José Blanc Sanmartín, autor de los frescos de la ermita y del resto de la decoración que ya comienza a mostrar algunos desconchados por las paredes.

Visitamos el templo, comprobamos la firma “J.Blanc 1960” bajo el cuadro del muro del lado de la epístola, así como en un ángulo escondido del retablo del altar mayor. Miquel Blanc es de esas personas con las que siempre se conversa abiertamente, sin rodeos, sobre las más insospechadas y diferentes cuestiones. Hace unos años coordinó la edición de las memorias de su padre, que obtuvo el premio del Centro de Estudios Bajoaragoneses (CESBA). Precisamente yo formé parte del jurado que concedió el galardón a las memorias póstumas de José Blanc Sanmartín. Leyendo los originales de la obra me reencontré con el decorador de Calaceite al que tuve ocasión de conocer en mi adolescencia. Mi padre y él se hicieron grandes amigos durante aquel verano de 1960. Porque, además de las pinturas de la ermita,José Blanc restauró y repintó los lienzos de pared de la regia sala de la Casa Membrado (siglo XVIII), por entonces propiedad de mi padre.

La trobada Mur-Blanc concluyó en la casa de Miquel en Calaceite donde fui invitado a un exquisito almuerzo familiar.Todo en memoria de José Blanc, un republicano de Calaceite, que padeció injusto encarcelamiento por el único delito de su manera de pensar.

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