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El libro de Belmonte/Bellmunt

Mesa de la presentación del libro, el 11 de julio, en el antiguo horno de Belmonte/Bellmunt: de izquierda a derecha, Ramón Mur, Susi Ruiz, Pedro Rújula, Alberto Bayod, Alfredo Guardiola y Carlos Estevan.

Un libro para redescubrir nuestro pasado

Ramón Mur
(Artículo publicado en el número 7 de la revista ‘SOL DE VILA’ de la Asociación Cultural y Deportiva Amigos del Mezquín de Belmonte/Bellmunt)

La presentación del libro ‘La fotografía y su reflejo social. Belmonte 1860-1940’ representó, sin la menor duda, uno de los acontecimientos culturales más relevantes del verano de 2009 no sólo para Belmonte sino incluso para todo el Bajo Aragón. La obra de la que es autor, como es bien sabido, Alberto Bayod Camarero congregó al público que es capaz de albergar el antiguo horno de pan cocer de Belmonte. Todo el pueblo pero también numerosas personas llegadas de distintas poblaciones de la comarca bajoaragonesa llenaron el local multiusos en que hoy está convertido “lo forn” de nuestra infancia.
El libro de Alberto, hijo del fallecido Ezequiel Bayod y de Visitación Camarero, nieto del tío José y la tía Manuela, que tenían tienda en la que sigue siendo la casa de sus descendientes en la Plaza del Solà, es un libro muy útil para que todos los belmontinos redescubran su pasado reciente. Es un libro para ser leído, a pesar de que resulta atractivo en alto grado para ser contemplado por la belleza de las fotografías históricas que contiene. Con este libro, Bayod certifica documentalmente los hechos de los que trata. Y aquí los documentos utilizados son de dos tipos: gráficos y escritos. La fotografía es en el libro de Bayod una fuente documental tan importante como la escrita. Pero sería un despropósito contemplar estas imágenes de 1860 a 1940 sin adentrarse en la lectura detenida del texto.
El libro de Bayod en modo alguno es, pues, un álbum de fotografías antiguas comentadas. Es una obra de investigación sobre historiografía local en la que la fotografía es utilizada como fuente documental, casi por primera vez. Las imágenes captadas por máquina al instante, es decir las instantáneas o las fotografías, apenas han cumplido los dos siglos de existencia. Tiempo escaso como para que la fotografía haya sido utilizada por los historiadores como fuente documental. Hasta ahora la única imagen que los historiadores podían utilizar como documento gráfico en sus investigaciones eran los cuadros de pintores renombrados en cada época.
En los últimos años se han publicado muchos libros y realizado numerosas exposiciones de fotografías de época en los pueblos del Bajo Aragón. El propio Alberto Bayod desempolvó archivos fotográficos de las familias de Belmonte para montar dos excelentes muestra de instantáneas en el piso alto del edificio consistorial. Han pasado ya por lo menos diez años pero quizá en la mente de Alberto Bayod anidaba ya entonces la idea de llegar a escribir un libro con el que, sin duda, ha sentado un precedente en la investigación de la historia local.

Redescubrir Belmonte

Esta monumental obra de Bayod, como todo lo grandioso, resulta quizá de incómodo acceso físico. Un volumen grueso y de grandes dimensiones mal se puede leer sobre las manos como único soporte. El tomo ha de ser colocado sobre una mesa o recostado en un atril, artilugio hoy poco común en un domicilio privado de nuestra época. Así y todo, insisto en que el libro de Alberto Bayod merece ser leído con todo el detenimiento y la comodidad que brinde una mesa. El lector local, el vecino de Belmonte, encontrará en él un excelente instrumento para redescubrir la historia de nuestro pueblo mediante la certificación documental, esto es científica, de los acontecimientos conocidos por transmisión oral y, a veces, por tradición un tanto distorsionada. Todo lo que en este libro se recoge de la historia de este siglo y medio de Belmonte, que concierne también de manera más que colateral a otras poblaciones del Bajo Aragón, está debidamente contrastado mediante el riguroso análisis de las fuentes buscadas y encontradas tras muchas horas de trabajo empleadas por el historiador.
La primera fuente documental, la fotográfica, está aquí expuesta en imágenes de tamaño considerable. En este libro no hay fotos a una o dos columnas, como en los periódicos. Son instantáneas en blanco y negro, claro está, pero expuestas en gran formato, lo que hace que el volumen adquiera un tamaño de viejo misal de facistol.
Cada fotografía lleva además una ficha explicativa con los datos técnicos pertinentes sobre tamaño, formato, autoría, etcétera. E inmediatamente después de la ficha viene un extenso pie de foto explicativo. Alberto Bayod ha logrado así que las fichas y los comentarios se conviertan en un atractivo puente entre la imagen y el texto por el que lector puede adentrarse en la lectura detenida y placentera de las 544 páginas de que consta el libro.
Pero al lector en plaza, al de Belmonte, este libro le lleva a redescubrir mejor el pueblo en el que nació, del que es originario o con el que mantiene cualquier tipo de vinculación. Y lo redescubre de una forma muy vital. No es exagerado afirmar que el pasado de Belmonte, reconstruido por Bayod en imagen y escritura, es una excelente confirmación de la forma de ser y del comportamiento actual de los belmontinos en muchos aspectos de la vida cotidiana. Somos como somos porque así fuimos, así fueron nuestros antepasados. Y los que vengan detrás por la calle Baja, la Escalereta o el carrer de la Font llevarán a cuestas buena parte del legado que les dejemos.
El historiador bajoaragonés, de Calaceite, Santiago Vidiella y Jasá (1860-1928), dejó escrito en la introducción de una de sus obras más conocidas que “el conocimiento del pasado se convierte en impulso de mejora”. En efecto, con el libro de Bayod se adquieren unos conocimientos de nuestro pasado que nos invitarán a tomar “impulso de mejora” ante el futuro. Porque este libro, cuya lectura produce grande complacencia, no es sólo una obra de distracción o entretenimiento sino también de verdadera formación. Con el libro de Alberto Bayod el lector estudia divirtiéndose, incluso, en muchos momentos.

Un acto para recordar

Para finalizar, cabe rememorar, aunque sólo sea con brevedad, el acto de la presentación de la obra, el sábado 11 de julio último. Ante el público que llenaba el horno, se proyectaron en pantalla las fotografías de la obra mediante la proyección del CD que se vende conjuntamente con el libro. En una mesa lateral se colocaron algunas de las máquinas con las que fueron tomadas las imágenes hace un centenar de años así como algunos documentos conservados en archivos de Belmonte, utilizados también en el libro.
Al acto asistió el profesor de Historia de la Universidad de Zaragoza, Pedro Rújula, quien es autor del prólogo del libro de Bayod. A juicio de Rújula, ‘La Fotografía y su reflejo social. Belmonte 1860-1940’ “es un libro que se propone considerar la fotografía como fuente histórica de primera magnitud cuya utilización puede ser equiparable a la de cualquier otro tipo de documentos textuales al uso… La empresa que Alberto Bayod ha sido capaz de llevar a término con este libro trasciende con mucho la condición de repertorio o álbum fotográfico gracias a un denodado esfuerzo de interpretación guiado por la pericia del historiador escrupuloso”.
Por su parte, Alberto Bayod anuncia que “el libro constituye la primera parte de un exhaustivo trabajo de historia local sobre la población turolense de Belmonte y su entorno cercano, fácilmente extrapolable a una buena parte de las localidades que forman parte del Bajo Aragón histórico” Y añade: “La faceta más novedosa de la publicación incide en la utilización de la fotografía como documento histórico básico para conocer las principales características de la sociedad en la que fueron tomadas las instantáneas. La fotografía es el principal elemento vertebrador del trabajo, que se complementa con una amplia serie de fuentes documentales, tanto orales como escritas. Estas mismas fuentes son utilizadas para crear los pies de foto, lo que permite una mejor y más profunda interpretación de las imágenes recopiladas y ofrece una amplia visión de conjunto de la vida cotidiana en una pequeña comunidad rural de la Tierra Baja, entre el último tercio del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX”.
Junto al historiador Pedro Rújula y al autor del libro, presentaron también la obra el teniente de alcalde del Ayuntamiento de Belmonte, Alfredo Guardiola, la presidenta en funciones de la Asociación Cultural, María Jesús Ruiz, el farmacéutico y propietario del Archivo de la Casa Ejerique de Valdealgorfa, Carlos Estevan, y el que suscribe, como propietario del Archivo Membrado de Belmonte del que el autor ha podido extraer cuanta documentación consideró oportuna.

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