Origen: Monseñor Omella, con todos nuestros respetos, no hace falta que pida perdón | Dolça Catalunya

¿Primeros síntomas de síndrome de Estocolmo en el obispo Omella?

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“Perdón por mi catalán diferente del de TV3, por ser un charnego, por no adorar a lanació… ja provaré de millorar”

A la hora de dar la bienvenida al nuevo obispo de Barcelona, monseñor Omella, intentábamos explicarle algunas particularidades de su nueva diócesis, los problemas que tendrá que afrontar y las presiones que tendrá que soportar. No es tarea nada fácil.

Las primeras declaraciones de Monseñor Omella, no obstante, parecen mostrar los primeros síntomas del síndrome de Estocolmo, tan común en quienes no desean enfrentarse a sus captores y piensan que asumiendo su discurso estos le perdonarán la vida. El resultado, es obvio, nunca es el esperado. Y es que las primeras palabras que pudimos oír por radio de Monseñor Omella fueron para, en su catalán de la Franja, pedir perdón por hablar un mal catalán. ¿Pedir perdón? Monseñor Omella, los catalanes normales usamos el catalán y el castellano para expresarnos y comunicarnos, indistintamente, y no tenemos que pedir perdón por usar uno u otro. A lo mejor viene siendo hora de que también el obispo de Barcelona hable como la inmensa mayoría de catalanes, en castellano y en catalán y sin pedir perdón nunca por usar uno u otro idioma.

Leemos también en una de sus primeras entrevistas como obispo de Barcelona que, a la pregunta sobre qué opina acerca de aquellos que pedían un obispo catalán para Barcelona, responde Monseñor Omella que “a los que querían un obispo catalán, yo les diría que los entiendo perfectamente“.

Con todo nuestro respeto, lo sentimos mucho, pero nosotros no los entendemos. O los entendemos demasiado bien. Entendemos que quienes exigen obispos catalanes desean mantener secuestrada a la Iglesia y que el bien espiritual de la gente concreta les trae sin cuidado mientras ésta se ponga al servicio de lanació divinizada. Es lo que le explicábamos el otro día: “De la saharización espiritual de Cataluña se ha encargado con especial empeño el nacionalcatalanismo  y la tropa de obispetes funcionarios que nos han traído los de “Volem bisbes catalans”, más preocupados por complacer al poder político que por apoyar a las familias que todavía creen que hay Dios“. A lo mejor lo que necesitamos, tras varias décadas, sea un obispo de Barcelona que no entienda esas posturas, que recuerde que la Iglesia es universal y que para los católicos Jesucristo está por encima de lanació. Eso sí que sería una novedad.

En el fondo subyace un problema de diagnóstico. Que las iglesias en Barcelona están cada vez más vacías no es ningún misterio. Se supone que el obispo pretende cambiar este estado de cosas. ¿Cómo? ¿Haciéndose más cercano a la gente? ¿Desplegando una actividad de ayuda material a las familias que pasan penurias? ¿Siendo capaz de dialogar con quienes no comparten nuestros puntos de vista? Todos ellos propósitos muy laudables que, a buen seguro, pueden hacer mucho bien. Pero no nos engañemos, el problema radical que sufrimos en Barcelona y en toda Cataluña es el de una parte significativa de la Iglesia que ha abandonado el anuncio de Cristo por el anuncio de la Nación-ídolo. Y mientras esto no cambie, lo demás serán parches de corto recorrido.

Ya ve, monseñor Omella, que no es precisamente fácil, pero es lo que la Iglesia en Cataluña necesita. Sí, lo sabemos, eso significa ser blanco de ataques sin fin y hasta del martirio. Pero tenga por seguro que, si se decide a ir por ese camino, muchos catalanes le acompañarán. El otro camino, el de seguir con el chiringuito nacionalcatalanista en pie, lleva a la muerte espiritual de Cataluña.

Dolça i cristiana Catalunya..