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Habla que algo queda

25 Noviembre, 2009 por José Luis Valero

El proyecto de Ley de Lenguas de Aragón es un asunto de identidad propia que divide a los afectados y que provoca apasionados debates y mucha polémica. Y sobre todo, causa problemas internos en algún partido, concretamente en el PAR, que quiere contentar a todos y no logra satisfacer ni a los suyos (militantes y electores). Así que los aragonesistas se quedan en tierra de nadie, mirando hacia el PP que le quita espacio y votos en esas comarcas y sin recuperar terreno por el lado izquierdo.

Con la postura del rechazo total a la denominación de catalán para la lengua que miles de aragoneses usan de forma cotidiana en toda la zona oriental, el PAR ha logrado parar de momento la hemorragia de críticas y de movimientos dentro del partido. Sobre todo retrasan la hostilidad de un amplio sector del partido que ya está mosqueado por la demora sin fecha de su congreso, lo que les impide formalizar una candidatura alternativa a la actual dirección (Nuevo Aragonesismo), que además quiere que José Ángel Biel rompa el gobierno de coalición si el proyecto sale adelante.

El PSOE tiene capacidad para lograr que se apruebe la mencionada normativa pactando con CHA e IU. Esto deja al PAR en la disyuntiva de hacer piña con el PP, que se puede interpretar como un preludio de sus intenciones en función de los resultados electorales de 2011, y reabre el debate sobre si habrá o no cambios en el gobierno en la primavera del año que viene. Fecha en la que los socialistas deben decidir su candidata o candidato a la presidencia de Aragón tras las próximas elecciones locales. Es decir, tras este nuevo desencuentro, Iglesias tiene que decidir cómo trae a Eva Almunia (ambos son catalanoparlantes), con un solo cambio en el Ejecutivo o con una crisis de gobierno para afrontar el último año de la legislatura.

Estos aspectos son lo que priman en esta especie de ruptura pactada entre PSOE y PAR. Lo de catalán, chapurreau, aragonés oriental o catalanoaragonés –aparte de cómo llaman al aragonés de nuestros ancestros-, es secundario. Cada uno puede decir o hablar lo que quiera o cómo quiera, pero lo que está en juego no es llamar catalán o no a la lengua que usan los ciudadanos del Aragón oriental. Que por cierto se entienden con sus vecinos del área mediterránea a la perfección. Es otra cosa, porque la riqueza lingüística de Aragón es un tesoro cultural que no podemos perder. Al contrario, hay que promoverlo sin fanatismos ni imposiciones. La polémicas es solo asuntos de partido. Si no fuera así, esta ley hace tiempo que estaría aprobada y el problema resuelto. ¿O no?

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