Los retos que Catalunya debería afrontar ante unos posibles juegos olímpicos de invierno en 2022

Los proyectos que dependen de Fomento están menos definidos que los de la Generalitat

ÓSCAR MUÑOZ | Barcelona | 14/02/2010 | Actualizada a las 00:52h | Ciudadanos

Las rondas de Barcelona y la ampliación del aeropuerto de El Prat se asocian a 1992 pero ambas eran infraestructuras que, de un modo u otro, se hubiesen construido sin la excusa olímpica, aunque, en ese caso, con toda probabilidad hubiesen sido realidad más tarde. La puesta al día de las comunicaciones es también clave cara a los Juegos de invierno que la capital y el Pirineo catalán aspiran a acoger en el 2022. En esta ocasión, la mayor parte de los proyectos de carreteras, ferrocarril y aeropuertos para acceder a las zonas en las que tendrán lugar las competiciones estará lista antes de la celebración de la cita deportiva. Se podría decir que, al menos en este apartado, las cosas están bien encaradas.

Por aire, doble baza con Alguaire y La Seu

El recién inaugurado aeropuerto de Alguaire será una de las puertas de acceso por aire al Pirineo catalán. Con las carreteras que conducen de Lleida al Pallars y a Val d’Aran mejoradas, su utilidad cara a los Juegos es indiscutible. Pero La Seu, debido a su privilegiada situación, podría tener un papel más central. En cualquier caso, ambas infraestructuras serían complementarias.

La Generalitat prevé acondicionar el aeródromo de la capital del Alt Urgell –que está cerrado– este mismo año para que pueda acoger vuelos privados, deportivos y de emergencia. Pero ya trabaja en un plan a más largo plazo para construir instalaciones nuevas de carácter comercial con el objetivo de convertir La Seu en un nuevo acceso aéreo a los Pirineos. Para ello se redactará un plan director. Como en Alguaire, en este caso también deberán mejorar las comunicaciones por tierra con las comarcas vecinas para sacar el máximo partido de la nueva instalación. La cita olímpica sería un potente incentivo.


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A pesar de las mejoras efectuadas los últimos años, el Pirineo, especialmente el de Lleida, sigue demasiado lejos de Barcelona. Si no hay problemas de tráfico, el viaje desde la capital a Puigcerdà requiere dos horas de coche; a La Seu d’Urgell, unas dos horas y cuarto, tres horas a Sort, y a Vielha prácticamente cuatro. Son distancias importantes, a las que se deben sumar los trayectos hasta las instalaciones en las que se celebren las pruebas. Para recortar estos tiempos deben acometerse una serie de actuaciones en la red viaria en gran medida planificadas. Además, son aconsejables mejoras ferroviarias –algunas, no todas, están encima de la mesa– y recuperar el aeropuerto de La Seu, un objetivo que también está en la agenda.

“Las actuaciones principales están acabadas, en obras, en proyecto o planificadas”, explicaManel Nadal, secretario de Mobilitat de la Generalitat, quien destaca que todas ellas tienen vida propia al margen de los Juegos. Esta circunstancia es positiva ya que, en el apartado de transporte, el COI valora las infraestructuras existentes o previstas con calendarios de ejecución prefijados en el momento de presentar las candidaturas. El grueso de las actuaciones para el Pirineo son viarias. Y, de estas, una buena parte es competencia de la Administración catalana, que cuenta con dos hojas de ruta: el plan de infraestructuras del transporte 2006- 2026 y el pacto nacional de infraestructuras, que abarca hasta el 2020.

“Lo razonable es que las llegadas al Pirineo se puedan hacer en vías rápidas y con cierta capacidad, cuatro carriles, dos carriles por sentido –argumenta el número dos de Política Territorial–, y que para atravesar los valles haya carreteras de como mucho dos más uno”. Además del impacto paisajístico que tendría construir autovías en estas últimas zonas, hay serias dudas sobre su aprovechamiento. En este sentido, Nadal admite que para mejorar los accesos hay que construir dos nuevos túneles –el de Toses, que compete al Ministerio de Fomento, y el de la Bonaigua– que se sumen a los ya existentes del Cadí y de Vielha, pero en ningún caso destinarlos a vías desdobladas. Las autovías, continúa Nadal, “tienen que acabar más abajo”. Así, en el túnel del Cadí, la C-16 desdoblada finalizará en Bagà, cerca de la boca sur; en el de Vielha, la futura A-14 finalizará bastante alejada, en Sopeira; y en el de Toses (C-17), en Ripoll. El paso de la Bonaigua formará parte de un eje que será carretera en todo su recorrido.

Hay dos corredores que enlazan el área de Barcelona con el Pirineo de Girona dependientes de la Generalitat: la C-16 y la C-17. La primera, que sigue el curso del Llobregat, está desdoblada hasta Berga. Y desde esta última hasta Bagà existe un estudio informativo que plantea un complejo trazado con una gran cantidad de viaductos y túneles que salvan la difícil orografía de la zona. Para hacer pasar la autovía por este trayecto de 20 kilómetros se requiere una inversión superior a 600 millones de euros. Manel Nadal asegura que, “una vez se decida ejecutarla, la obra puede estar lista en cuatro años”. La segunda vía es el eje Barcelona-Vic-Ripoll, ya desdoblado hasta Les Masies de Voltregà y en obras hasta Ripoll, con la previsión de entrada en servicio a finales del 2011.

Hasta Puigcerdà, pasando por la collada de Toses, la carretera pasa a ser estatal (N-152), como parte del Eje Pirenaico. La puesta al día de esta carretera es fundamental. Fomento está redactando los proyectos constructivos de la variante de Ribes de Freser, cuya ejecución podría licitarse a finales de este año o principios del que viene, y de una obra crucial, el túnel de Toses, cuya redacción se está alargando para adecuar el trazado al entorno natural. El tramo que construir, de unos 20 kilómetros, tiene 1,7 en túnel. El presupuesto estimado es de 78,5 millones. Con esta obra se evitarán las más de doscientas curvas del collado.

Fomento tiene otros tramos pendientes del Eje Pirenaico, una carretera que discurre en paralelo a la cordillera y que facilita la comunicación transversal. Están en obras o en proyecto los acondicionamientos de varios tramos y las variantes de Puigcerdà hasta la frontera francesa, la de La Pobla de Segur, la norte de Olot, y la de La Seu d’Urgell. Igualmente, este corredor debe completarse como autovía (A-26) entre Besalú y Figueres. Faltan mejoras importantes desde La Seu hacia el Pallars, como una alternativa al puerto del Cantó, que el ministerio, hoy por hoy, no tiene en cartera. En cambio, sí estudia un túnel para el tramo Xerallo-El Pont de Suert.

Otro eje estatal es el Lleida- Val d’Aran (N-230), que hasta Sopeira debe convertirse en la autovía A-14. Desde Lleida hasta el límite de Aragón hay obras en dos tramos y en el resto se están redactando los proyectos, al igual que hasta Sopeira. Desde esta localidad hasta el túnel de Vielha se está elaborando el estudio para acondicionar la carretera, que no se puede desdoblar porque la orografía no lo permite.

Las comunicaciones con Val d’Aran también mejorarán por la Bonaigua, donde está previsto abrir un túnel según el plan nacional de infraestructuras y que debe ejecutar la Generalitat. Así se evitará el actual puerto, que suele estar afectado por la nieve en invierno. Esta actuación “va más atrasada –reconoce Manel Nadal– y su estudio debería hacerse el año que viene para que estemos a tiempo”.

En la carretera que conduce al puerto (C-28) ya se han hecho mejoras y otras están previstas. Lo mismo ocurre más abajo, tanto en la C-13 (Lleida-Tremp-Esterri d’Àneu) como en la C-14 (Artesa de Segre-La Seu) y en la conexión Artesa-Tremp a través de los túneles de Comiols, que cuentan con un estudio informativo.

Los retos que Catalunya debería afrontar ante unos posibles juegos olímpicos de invierno en 2022.