La historia de las primeras filólogas aragonesas ve la luz

S. CAMPO. Zaragoza 16/06/2010 a las 06:00

El libro ¿María Moliner y las primeras estudiosas del aragonés y el catalán de Aragón¿ desvela datos inéditos de esta y otras pioneras.

“Me he enterado de la juventud de mi madre por la investigación de Pilar Benítez. No era una mujer recoleta que hizo el ‘Diccionario de uso del español’ sobre una mesa brasero, sino una filóloga precoz”. Quien habla así es el hijo de la filóloga María Moliner, el arquitecto Fernando Ramón Moliner, que ayer respaldó con su presencia y sus palabras la presentación del libro de María Pilar Benítez ‘María Moliner y las primeras estudiosas del aragonés y del catalán de Aragón’, editado por Rolde de Estudios Aragoneses. El escenario obligado para la puesta de largo, un salón de la Casa de la Mujer a rebosar.

Este trabajo “preciso, riguroso y exhaustivo”, como se refirió a él la consejera de Educación y Cultura de la DGA, María Victoria Broto, desvela retazos novedosos de la juventud de María Moliner y de una veintena de mujeres de principios del siglo XX que desarrollaron su labor en épocas en las que no les era fácil estudiar ni investigar y “más aún sobre lenguas minoritarias”.

Fernando Ramón, que en unos días recibirá el Premio de la Vivienda 2009, se mostró orgulloso de descubrir que a los 16 años su madre, que regresó a Zaragoza con su familia tras abandonarles su padre, se convirtió en 1916 en secretaria redactora del Estudio de Filología de Aragón (EFA), lo que le permitió sacar adelante a los suyos y formarse como lexicógrafa.

Además, ella, destacó Pilar Benítez, fue la primera en su puesto que “llegó a integrarse plenamente en este grupo, trabajó en la sede del mismo y consiguió que se le retribuyera con un salario superior al de alguno de sus compañeros”. Su predecesora, Áurea Javierre Mur, fue la primera mujer que se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza y que consiguió el grado de doctora en 1927. La sociedad del momento le impidió que formara parte del equipo, tuvo que trabajar siempre desde casa y gratis. “Aragón tiene una deuda pendiente con esta pionera”, aprovechó ayer para reivindicar la autora.

Vale la pena detenerse en los detalles y anécdotas de esta veintena de luchadoras, aunque en su trabajo Benítez hace referencia hasta a 35 mujeres. De ellas cinco viven y dos pudieron ayer estar presentes: Blanca Lanzas, que presentó una tesis en 1956 sobre ‘Léxico de la vivienda en el Pirineo aragonés’ y Pilar Maestro, que en el mismo año hizo lo propio con ‘El habla de Morata de Jalón’. Ambas, que pertenecen al sexteto de primeras licenciadas en Filología Románica, recibieron un ramo de ‘flors’ que les entregaron dos niñas que con sus palabras en aragonés y catalán les demostraron que sus esfuerzos, y las de sus compañeras de las 240 páginas del volumen, no han sido en vano.

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