Los pueblos del Bajo Aragón que “no hablan castellano”

Portada del libro editado por Rolde de Estudios Aragoneses

Los pueblos del Bajo Aragón “que no hablan castellano”

Primeras estudiosas del aragonés y del catalán de Aragón (y II)

Ramón Mur

María Pilar Benítez Marco, en su libro ‘María Moliner y las primeras estudiosas del aragonés y del catalán de Aragón’ al que me refería ayer, cita a varias mujeres del Bajo Aragón que investigaron en el catalán que se habla en muchas poblaciones: “A ese catalán de Aragón, al de Maella, que estudió María Trinidad Bondía Benedicto, y al de Fraga, que investigó, a través de su antroponimia y toponimia, Esther Regina Santamaría Novell, pude volver a acercarme gracias a personas que conocí, en su mayoría, durante mis ocho años de estancia en el lugar donde lo aprendí, en Tamarit de Llitera: Mariona Martínez Dorado, Emma Bravo Santamaría, Ana Domínguez Ibáñez, Juan José Enériz Torres y Maria Dolores Gimeno Puyol”.

Por lo que se refiere al Bajo Aragón, la filóloga de la Universidad de Zaragoza cita a dos mujeres de principios del siglo XX naturales de un pueblo del Mezquín donde nacieron y residen excelentes cultivadores tanto del catalán común como del propio de Aragón. Son Felipa Molins Velilla y Pilar Rebullida Sancho. Ambas fueron colaboradoras del Estudio de Filología de Aragón (EFA) del que era director Juan Moneva y Puyol.

De Pilar Rebullida Sancho, la autora del libro afirma que su “colección de voces del Bajo Aragón no sólo tiene el mérito de ser, hasta el momento, la primera recopilación léxica dialectal conservada realizada por una mujer en nuestra Comunidad, sino de presentar, además, aspectos innovadores con respecto a otras colecciones coetáneas”.

Pilar Rebullida, casada con Miguel Sancho Izquierdo, rector de la Universidad de Zaragoza, realizó fichas para el EFA sobre ‘voces del Bajo Aragón’. Fue un trabajo único hasta entonces y pionero. Me ha resultado especialmente relevante su estudio en dos aspectos. El primero es que en ningún momento llama catalán al habla de los pueblos de los que ella procede y tampoco ‘chapurriau’. Esta última acepción no la he podido encontrar en ninguna de las 240 páginas del libro de María Pilar Benítez Marco. Habría sido del todo entendible que Pilar Rebullida, desde su evidente recelo hacia el catalán, hubiera observado que al habla de estos pueblos las gentes la denominan ‘chapurriau’. Pues ni eso.

En todo caso, no todos los aragoneses de los tiempos del EFA recelaban del catalán. En una carta de Carlos Estevan, vecino de Valdealgorfa, aunque natural de Belmonte, a su tío Juan Pío Membrado se afirma de Juan Moneva que es “incompatible con el género humano y [está] empeñado en hablar catalán”. Por lo visto, el director del EFA y mentor de todas las mujeres aragonesas, pioneras en filología, tenía mal genio pero no daba la espalda al catalán como uno de los tres idiomas de Aragón.

El propio Moneva dirigió a Membrado esta carta en la que se utiliza una ortografía gramatical inequívoca:

“Senyor Joan Píus Membrado i Ejerique.

“Benvolgut amic i compatriota:

“Haig sabut de l’Asamblea municipalista a Barcelona, i encara qu’em trobava llest per anar-hi, ben llegida la seva convocatoria, n’on puc, car no’ns han deixat lloc als sigulars individuus qu’estudiem mes no tenim representación des municipis. Aixó’s remeiaría artificialmente donant-mi una representación: sería peró un curanisme llegt; els pobles tenen d’esser representants per la gent d’ells mateixos.

“Vull, aixó apart, fer constar devant vos, capdevanter del moviment, que no es cap mancament de voluntat ho que’m tè lluny de d’aquixa tasca de ruralisme.

“Molt vostre, Joan.

“Saragossa, lo 14 juny 1914” La carta se conserva en el Archivo Membrado de Belmonte.

Pero lo más llamativo en el trabajo de Pilar Rebullida es la distinción que hace entre los pueblos “que no hablan castellano” y los que sí lo hablan. ¿Había en su época algún pueblo en el Bajo Aragón donde no se hablara castellano? Sí y no. Ella hace esta distinción por reminiscencias históricas. Es decir, que hasta que no se inició la alfabetización, a principios del siglo XX, justamente en su época, en los pueblos que hoy llamamos bilingües sólo se hablaba un idioma y ese tal no era el castellano. Mas tarde llegó la escolarización universal de la población al medio rural y ésta se hizo sólo en castellano. A partir de ese momento, en los pueblos catalanohablantes se sabía utilizar los dos idiomas, aunque sólo en uno de ellos, en castellano, se sabía leer y escribir, además.

Pero la distinción que hace Pilar Rebullida ni siquiera hoy es un disparate. Es decir, que hoy se puede hacer la observación de que hay pueblos en el Bajo Aragón en que no se habla castellano. Se pregona en castellano, el culto católico se celebra en castellano, el médico atiende en castellano, el boticario también despacha medicamentos en castellano y los maestros de escuela enseñan mayormente en y el castellano. Pero lo que es hablar, hablar en la calle y a todas horas, los vecinos de muchos pueblos del Mezquín, del Bergantes y del Matarranya, no hablan, es verdad, en castellano.

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